miércoles, 13 de marzo de 2019

Funciones de los adverbios

Indica si el adverbio señalado en negrita es complemento del verbo, modificador del adjetivo o modificador del adverbio.
  1. Juan llegó tarde al instituto.
  2. Esta pregunta es muy importante.
  3. Ayer olvidé el periódico en el tren.
  4. Cayó desde muy arriba.
  5. Ha llegado demasiado lejos.
  6. Sus hermanas son bastante altas.
  7. Últimamente trabaja poco.
  8. No parece demasiado interesada.
  9. No muy lejos de casa.
  10. Esta camisa es excesivamente chillona.

lunes, 11 de marzo de 2019

Preparación del tema 4

      Preguntas de lengua
  1. Localizar los adverbios en una serie de enunciados y clasificarlos según su significado.
  2. Analizar grupos adverbiales.
  3. Reconocer la función de los adverbios en una serie de enunciados.
  4. Analizar morfosintácticamente dos oraciones.

       Preguntas de literatura
  1. Escribe las principales características de los reinados de Carlos I y Felipe II, destacando las diferencias.
  2. ¿Qué entendemos por Renacimiento?
  3. Enumera y explica las características del pensamiento humanista.
  4. ¿Cómo podemos definir la lengua literaria del Renacimiento?
  5. Enumera y explica los principales temas de la literatura renacentista.
  6. Explica las diferencias entre la lengua literaria de la poesía cortesana del siglo XV y la de la poesía petrarquista.
  7. ¿Cuál es la principal aportación de Garcilaso de la Vega a la literatura española?
  8. ¿Qué temas predominan en la poesía de Garcilaso?
  9. ¿Cómo podemos caracterizar el lenguaje poético de Garcilaso?

    Las respuestas orientativas al cuestionario de literatura pueden encontrarse en este enlace.

Funciones del adverbio

Localiza los adverbios, di qué función realizan y clasifícalos por su contenido.

a) Toda su familia vive ahora allí.
b) Juan es muy inteligente y siempre demuestra gran sentido práctico.
c) Volveremos del paseo bastante tarde.
d) Ha subido el cuadro que antes estaba aquí.
e)Así, muy pronto, estará todo más ordenado.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Soneto XI de Garcilaso de la Vega

Hermosas ninfas, que en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas,


   agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:


   dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,


   que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

Égloga I de Garcilaso de la Vega

¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que habia de ver, con largo apartamiento,
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
           El cielo en mis dolores
           cargó la mano tanto,
           que a sempiterno llanto
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
           solo, desamparado,
ciego, sin lumbre en cárcel tenebrosa.


[...]

Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo y verme libre pueda,
           y en la tercera rueda,
           contigo mano a mano,
           busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos
donde descanse y siempre pueda verte
           ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?

Égloga III de Garcilaso de la Vega

Cerca del Tajo en soledad amena
de verdes sauces hay una espesura,
toda de yedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta la altura,
y así la teje arriba y encadena,
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido
alegrando la vista y el oído.

Con tanta mansedumbre el cristalino
Tajo en aquella parte caminaba,
que pudieran los ojos el camino
determinar apenas que llevaba.
Peinando sus cabellos de oro fino,
una ninfa del agua do moraba
la cabeza sacó, y el prado ameno
vido de flores y de sombra lleno.

martes, 19 de febrero de 2019

Soneto CCXCII de Petrarca

Gli occhi di ch’io parlai sí caldamente,
et le braccia et le mani et i piedi e ’l viso,
che m’avean sí da me stesso diviso,
et fatto singular da l’altra gente;



le crespe chiome d’òr puro lucente
e ’l lampeggiar de l’angelico riso,
che solean fare in terra un paradiso,
poca polvere son, che nulla sente.

Et io pur vivo, onde mi doglio et sdegno,

rimaso senza ’l lume ch’amai tanto,
in gran fortuna e ’n disarmato legno.

Or sia qui fine al mio amoroso canto:
secca è la vena de l’usato ingegno,
et la cetera mia rivolta in pianto.