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jueves, 11 de octubre de 2018

"Castilla", un poema cidiano de Manuel Machado

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
—polvo, sudor y hierro— el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca,
en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

«¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El Cielo os colme de venturas...
En nuestro mal, ioh Cid!, no ganáis nada».

Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.

El Cid en Burgos

El Campeador     adeliñó a su posada
así commo llegó a la puorta,     fallóla bien çerrada,
por miedo del rey Alfons,     que assí lo pararan:
que si no la quebrantás,     que non gela abriessen por nada.
Los de mio Cid     a altas vozes llaman,
los de dentro     non les querién tornar palabra.
Aguijó mio Çid,     a la puerta se llegaua,
sacó el pie del estribera,     una ferídal’ dava;
non se abre la puerta,     ca bien era çerrada.
Una niña de nuef años     a ojo se parava:
«¡Ya Campeador,     en buena çinxiestes espada!
El rey lo ha vedado,     anoch dél entró su carta,
con grant recabdo     e fuertemientre seellada.
Non vos osariemos     abrir nin coger por nada;
si non, perderiemos     los averes e las casas,
e aun demás     los ojos de las caras.
Çid, en el nuestro mal     vos non ganades nada;
mas el Criador vos vala     con todas sus vertudes santas.»
Esto la niña dixo     e tornós’ pora su casa.


Mío Cid picó el caballo, a la puerta se acercaba,
el pie sacó del estribo, y con él gran golpe daba,
pero no se abrió la puerta, que estaba muy bien cerrada.
La niña de nueve años muy cerca del Cid se para:
"Campeador que en bendita hora ceñiste la espada,
el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,
con severas prevenciones y fuertemente sellada.
No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,
porque si no perderíamos los haberes y las casas,
perderíamos también los ojos de nuestras caras.
Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.
Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas."
Esto le dijo la niña y se volvió hacia su casa

viernes, 11 de diciembre de 2015

Ezra Pound y el Cid

Mío Cid subía hacia Burgos,
Hacia la puerta salpicada entre dos torres,
Golpeó con el traste de su lanza, y la niña salió,
Una niña de nueve años
En la pequeña galería sobre la puerta, entre las torres,
Leyendo el mandato, voce tinnula:
"Que ningún hombre hable, alimente o ayude a Ruy Diaz,
Por el dolor de llevar el corazón afuera, sentado sobre la punta de un clavo
Sus ojos se rasgaron, y toda su bondad se aisló,
Y aquí, Mío Cid, están los sellos,
El gran sello y el escrito".
Y vino él desde Bivar, Mío Cid,
Sin halcones que quedaran en las perchas,
Y sin ropas en las alforjas,
Y dejó el baúl con Raquel y Vidas,
Esa gran caja de arena, con los prestamistas,
Por ganar algo con qué comprar pintura;
Haciendo camino hacia Valencia.
Inés de Castro asesinada, y una pared
Aquí, desgastada, aquí, decidida a permanecer.
Sombrío desperdicio, pigmento descamandose de la piedra,
O escamas de yeso, Mantegna pintó esta pared
Harapos de seda, "Nec Spe Nec Metu."

                                                   Ezra Pound, fragmento del Canto III